OPINION
¡Barrilitos, no de vino ni miel!
Por RAFAEL PARADELL DIAZ*

Barrilitos que contienen diecinueve millones ciento sesenta mil pesos (19, 160,000.00), cada mes. Barrilitos en un total que llega a los cuatrocientos setenta y ocho millones novecientos veinte mil pesos (478, 920, 000.00) cada año, recibidos estos por los senadores de los tres partidos con senadurías. El Partido de la Liberación Dominicana, el Partido Revolucionario Dominicano y el Partido Reformista Social Cristiano. ¡Barrilitos, no de vino ni de miel! Aunque usted no lo crea si repletos de papeletas. Senadores, en su mayoría, al referirse a la auto asignación presupuestaria “barrilitos” , diferenciada de lo que ya reciben en altos salarios, dietas, gastos de representación, exoneraciones de vehículos, entre otros incentivos por “trabajar para el país”, alegan que dichas sumas son destinadas a resolver problemas en sus comunidades, pago de oficinas en el país, hacer donaciones ante enfermedades catastróficas, entre otras realidades de pobreza criolla.
Los dominicanos preferiríamos una seguridad social real y efectiva que garantice el paro laboral en reconocimiento económico del empleado que pierde su puesto y tiene derecho a seguir recibiendo equis cantidad del salario durante un tiempo. Es esto lo que demandamos de nuestros legisladores, que se dediquen a formular leyes que garanticen los derechos del ciudadano, con su correspondiente cumplimiento del deber, del cual tantas veces se alejan muchos de ellos.
Más que fundaciones u organizaciones no gubernamentales de legisladores, otra forma o modalidad de captaciones de fondos desde el erario publico, para sus directivos y allegados, el pueblo espera hospitales, escuelas, unidades productivas, servicios básicos garantizados, viviendas al alcance de las mayorías...El legislar, senadores y diputados, en ese sentido debe ocupar su tiempo, estableciendo con sus dotes intelectuales el marco legal de las entidades estatales y/o de carácter privado que nos lleven al desarrollo sostenido y real.
No mas dependencias de dadivas, tan criticadas y atacadas en otras administraciones. Pero usadas ya por todos los partidos existentes, como recurso de anzuelo, que prende enganchar la presa electoral cada vez que se nos convoque a elecciones.
Que distinto seria una salud publica, en verdad desvelada por la salud del pueblo, trabajando para impedir que tantos falsos medicamentos sigan circulando en las farmacias o boticas populares. Claro, obviamente a Usted le va “chocar” lo que en son de anécdota le cuento, y es que conozco de altos funcionarios de la salud publica que mandan a buscar sus medicamentos personales para su presión arterial, diabetes y otras enfermedades a Europa, concretamente para ellos lo buscan garantizados por la seguridad social catalana, aunque para “los hijos de machepa” procedan estas de los arrabales de aquí o del exterior. Irónicamente, son ellos quienes los autorizan.
Si se ocuparan menos de acumular en barrilitos, fundaciones y en hacer campañas asociadas a capitales turbios, como esta quedando evidenciado hoy en la sociedad dominicana, entonces habría tiempo para pensar y actuar mejor. Con los más de quinientos millones de pesos, suma de los barrilitos y de las asignaciones de sus respectivas organizaciones no gubernamentales, se haría tanto bien.
Con tanto dinero disponible si se quisiera, algo más se haría. Los legisladores en conjunto podrían supervisar que cada año se construyan escuelas rurales, o centros de capacitación técnico vocacional, clínicas rurales, granjas escuelas autosostenibles, invernaderos, consultorios, pequeños acueductos con agua cristalinas desde los manantiales, para que el pueblo no tenga que seguir comprándola y también seguir ingiriéndola muchas veces al riesgo de contraer enfermedades.
Abogamos por una seguridad social, por una asistencia real y efectiva a la población, no por un asistensialismo clientelita, típica de la política demagoga del patio quisqueyano, lo que ya al pueblo le sabe a hiel.
Con mis alumnos en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y con aquellos que también comparto en la Universidad Católica Santo Domingo, siempre comparto anécdotas en torno a hechos que implica una verdadera seguridad social y de asistencia en la salud. Ustedes conocen el caso de Joan Manuel Serrat, operado hace unos seis años de cáncer en el páncreas y este año sometido con éxito a una intervención para extráele un modulo pulmonar, tumor detectado en un control de rutina.
El poeta cantor tiene la atención médica en un hospital especializado en tema del cáncer y que corresponde a la red establecida al alcance del cualquier ciudadano. Joan Manuel Serrat ha vuelto a luchar contra ese enemigo que tenemos en común tantos mortales y de seguro que otra vez saldrá airoso. Pero repito, no es solo atención al famoso, mi sobrina e hija de mi hermano menor tuvo la crisis fatal de la enfermedad de lupus y su situación fue atendida y controlada, a todo costo, por el Servicio Catalán de Salud.
Cataluña es un territorio de unos 32,000 kilómetros cuadrados, un poco más pequeño que nuestra Republica Dominicana, con sus 48,730 kilómetros de superficie. Las tierras de la gente de mi padre están en el sur, junto al mar mediterráneo y aun allá se ve que siempre se puede producir para el bienestar de todos. No hay más límites que los nuestros, no más que los limites productos de nuestras mezquindades, los que nos hacen difícil el camino de lograr la sociedad de bienestar.
Los catalanes de allí, no tienen suficiente agua “dulce” o fuentes de agua potable, pero ya no tendrán que llevarlas en barcos o diligenciar conductos de presas de otros lugares favorecidos de la península ibérica, la obtendrán del mar mediterráneo. La van a extraer del mediterráneo, instalando mas plantas desalinizadoras. Allí, el mismo mar donde seguirán cosechando y cultivando gran parte de su exquisita alimentación mediterránea. Allí van instalando la quinta planta desalinizadoras.
Claro, aquel territorio menor que el nuestro sigue teniendo un reducido número de legisladores o representantes del parlamento, mucho menos burocracia que la nuestra, cuando al acercarnos a cualquier oficina gubernamental la empleomanía llueve ante nosotros, sobre todo si es el día 25 y llegan los de las “nominillas”.
A pesar de todo debemos creer que podemos construir una cultura del trabajo, de la entrega a nobles y alto ideales. En verdad podemos y debemos sentirnos afortunados de nuestra flora y fauna, y de algún día no lejano en las inmediaciones de la ciudad de Santo Domingo, con sus ríos Ozama, Isabela y Haina este toda copada de verdor y de fuente de agua cristalina. Quizás sus orillas repletas de Moringa Oleífera, “Libertad”, árboles que dejaran caer sus semillas secas en las riveras, como granos o semillas de bendiciones que purificaran el agua. Para entonces la riqueza, la asistencia en salud y el poder será del país, será de todos, será del pueblo y no tendremos que aceptar “barrilitos”, “nominillas”, tampoco “botellas” o “bidones” y mucho menos nuevos “huacales” o “huacalitos” en la cotidianidad dominicana.
*Director Escuela de Comunicación Universidad Católica Santo Domingo